A mis líderes de Tabernáculo de Restauración en Colorado y a todos los ministros del Senor:

            Por estos medios quiero darle gracias a Dios por este hermoso ejército que me ha permitido tener, claro esta me refiero a ustedes, los que componen nuestro equipo de apoyo (pastoral). Es mi responsabilidad equiparlos en la manera mas justa y estratégica que nuestro enemigo no gane ninguna ventaja, pues no ignoramos sus maquinaciones. A través de este material tan valioso lo traemos con el único propósito que nos mantengamos con los ojos muy abiertos, y entendamos que el diablo anda como león rugiente buscando aquellos lideres potenciales que le hacen daño a su reino (tinieblas) y devorarlos o sea sacarlos del medio a cualquier costo; lo triste es que a veces usa medios falsos, por nuestra forma inocente de tratar algunas personas en nuestra congregación, la cual lo hacemos por el amor que nos mueve.

            Pero la triste realidad es que nuestras leyes en nuestra nación no son lo suficiente justas con los ministros del Señor y no perdonan a los que toman por medio, y para evitar estos malos entendidos que te podrían costar muchos años en prisión y miles de dólares en abogados y aun mas nuestra familia podría sufrir los mayores estragos y todo esto por una calumnia que se nos levante.

            Como hijos de Dios no somos repelentes a los ataques del diablo, por el contrario, Tú y yo somos su blanco preferido. Presentémonos pues aprobado como obreros que no tienen de que avergonzarse, y que tracen bien la palabra de verdad.

Espero esta información pueda ser de bendición para ti hoy y para tus futuros lideres que Dios pondrá en tus manos.

 

Les ama sus pastores: Dámaso y Maritza Morales.

 

 

 

 

Sobre la violencia y el abuso sexual

Les saludo en el poderoso nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Esta carta pastoral tiene el propósito de tocar dos temas muy delicados: la violencia sexual y el abuso infantil en la iglesia. Compartimos estas ideas con respeto, esperando que las mismas sean de edificación para ustedes y de bendición para toda la Obra Hispana.

I. Introducción

La violencia sexual y el abuso infantil se han convertido en un grave problema para la cristiandad en los Estados Unidos. Es casi imposible ver un tele-noticiero o abrir un periódico sin encontrar reportajes sobre el tema. Además, las revistas de noticias más prestigiosas del país, como Times, Newsweek y US News & World Report, han publicado largos ensayos sobre estos temas.

Aunque la inmensa mayoría de los casos que han llegado a las noticias han involucrado sacerdotes católico-romanos, no debemos pensar que los protestantes estamos exentos de estos problemas. Del mismo modo, aunque la mayor parte de las personas acusadas son anglo-europeas, el ministerio hispano no está exento de estos problemas.

Cada caso de abuso infantil socava el lugar que la Iglesia Cristiana, en todas sus expresiones, ocupa en la sociedad. Las personas que viven alejadas de Dios usan estas acusaciones como excusa para su incredulidad. En fin, esta penosa situación nos afecta a todos.
 
II. ¿Qué es la violencia sexual y el abuso infantil?

La violencia y el abuso sexual cubren varios tipos de conducta inadecuada, sobre todo para ministros del Evangelio de Jesucristo. Algunas de estas conductas indebidas son:

1. El abuso verbal: La forma más común de abuso sexual es la violencia verbal. Cuando una persona hace chistes sobre sexo, comentarios inadecuados sobre el físico de sus compañeros de trabajo, preguntas impropias sobre la vida sexual de sus feligreses, alarde de sus proezas sexuales, o se queja de que su pareja no le satisface, dicha persona está cometiendo actos de violencia sexual. El ministro que hace este tipo de comentarios impropios constantemente, está creando un ambiente de trabajo negativo. Del mismo modo, algunos empleados o feligreses pueden considerar ofensiva la exposición de afiches, revistas, dibujos, o libros sobre sexo. Los comentarios constantes sobre temas sexuales y la exposición de material sexual son suficientes para que empleados o feligreses acusen a supervisores o ministros de hostigamiento sexual. Debe quedar claro que la conducta que vemos comúnmente en los programas de televisión y películas de cine—cuyos temas giran generalmente en torno al sexo—es inadecuada en cualquier lugar de trabajo, y mucho más en las instituciones religiosas. En Puerto Rico hubo un sonado caso donde una empleada acusó a un ministro de hostigarle sexualmente por comentarios impropios en tono de broma. La acusación manchó su carrera, costándole decenas de miles de dólares.

2. El hostigamiento sexual: El hostigamiento sexual incluye todo tipo de acercamiento que un subalterno considere indebido. Algunos de los actos que pueden considerarse como hostigamiento son los siguientes:

  • Invitaciones o insinuaciones sexuales: Esto incluye todo tipo de comentario que pueda ser considerado impropio por otra persona. Incluye las invitaciones a ir solos a comer, al teatro, o a pasear. Además, incluye los regalos poco apropiados, como la ropa interior o los trajes de baño. Abarca también las invitaciones a ir a nadar o a estar juntos en una bañera de agua caliente (en inglés, «hot tub»). Claro está, incluye cualquier invitación o insinuación a dormir juntos, a acariciarse, a desnudarse, a cometer actos sexuales, o a tener relaciones sexuales de cualquier tipo.
  • Contacto físico: Esto incluye todo tipo de contacto físico que pueda ser considerado impropio por otra persona. Incluye los roces de áreas sexuales del cuerpo, las cosquillas, jugar a la lucha libre con jóvenes de la iglesia, los abrazos muy largos, los besos (sobre todo en los labios) y apretar a la persona que uno está abrazando.
  • Amenazas o exigencias sexuales: Los casos más claros de hostigamiento sexual son aquellos donde un hombre que está en una posición de autoridad le exige a una empleada que tenga relaciones sexuales con él, bajo amenaza de perder su empleo. También son claros los casos donde hay violencia, como cuando un ministro besa a la fuerza a un feligrés.
  • Cualquier tipo de contacto sexual: Dado que los pastores y las pastoras ocupan posiciones de autoridad, cualquier miembro de la congregación puede acusarles. Aunque la congregación no tenga empleados como tal, la ley considera que la relación entre ministros y feligreses es equivalente a las relaciones entre jefes y empleados.

3. Las relaciones consensuales: Algunos ministros piensan que pueden sostener relaciones románticas, de noviazgo, y hasta sexuales con sus feligreses, siempre y cuando su pareja esté de acuerdo. Esto es un gran error. Ante los ojos de la ley, la relación pastoral no se elimina cuando la otra persona acepta las insinuaciones del ministro. Para la ley, la relación entre un ministro y un feligrés es una relación desigual.

El ministro tiene autoridad y, por lo tanto, «poder» sobre sus feligreses. Por esta razón, un feligrés que ha aceptado de buena gana entrar en una relación amorosa con su pastor o pastora puede cambiar de opinión en cualquier momento, acusando al ministro de abusar de su autoridad. La persona puede decir que «aceptó» la relación porque se sintió obligada a «obedecer» a su ministro. Conocí a un profesor de seminario que, estando comprometido para casarse, notó que una estudiante tenía interés en él. La muchacha le indicó que a ella no le importaba que él fuera mayor ni que estuviera comprometido; ella quería que él le diera una oportunidad. Aunque salieron juntos varias veces, la relación no progresó. La estudiante se puso tan triste que fracasó en varios cursos. Otros compañeros de clase le informaron al decano de estudios sobre la situación. El profesor fue despedido.

4. El abuso infantil: Esto incluye todo tipo de contacto verbal o físico inadecuado con personas menores de edad. En particular, abarca los contactos que un adulto hace con el propósito de excitarse sexualmente. Los pastores pueden ser acusados de abuso infantil por hacer comentarios indebidos, por contacto físico (tocar, acariciar, desnudar, etcétera), o por actos sexuales contra la niñez. Hace varios años, un pastor que dirigía un campamento de jóvenes decidió «castigar» a un grupo de muchachos que habían estado haciendo ruido toda la noche. El ministro los desnudó y los mojó con un chorro de agua a presión. Los padres de los muchachos lo acusaron de abuso infantil. El ministro se vio obligado a renunciar a su empleo. Dentro de todo, tuvo suerte porque no lo acusaron de conducta criminal ante las autoridades.

Noten que el hostigamiento sexual y el abuso infantil son delitos, son actos criminales. Por lo tanto, son situaciones que no pueden resolverse dentro de la iglesia. Por el contrario, estas acusaciones requieren la intervención de la policía.

Las personas acusadas de crímenes sexuales pueden ser enjuiciadas y encarceladas, de ser halladas culpables. Además, pueden ser demandadas en pleitos civiles, donde las familias de las víctimas pueden exigir compensación económica por sus sufrimientos. Del mismo modo, la iglesia—ya sea a nivel congregacional, regional o general—puede ser demandada también. La congregación puede ser demandada por permitir el abuso y la región por darle licencia ministerial al abusador.

La congregación puede ser demandada aunque la persona abusadora no sea el pastor o el ministro. Por ejemplo, la iglesia puede ser demandada si un empleado de la iglesia o un maestro de escuela bíblica dominical hostiga o abusa sexualmente de algún feligrés.
 
III. El testimonio bíblico

A través de la Biblia, Dios llama a cada creyente a vivir en santidad. La conducta sexual, como parte integral de la vida, debe desarrollarse en santidad. Escuchen el mensaje de las siguientes porciones bíblicas:

Os he escrito por carta que no os juntéis con los fornicarios. No me refiero en general a todos los fornicarios de este mundo, ni a todos los avaros, ladrones, o idólatras, pues en tal caso os sería necesario salir del mundo. Más bien os escribí para que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, sea fornicario, avaro, idólatra, maldiciente, borracho o ladrón; con el tal ni aun comáis, porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? A los que están fuera, Dios los juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros.

1 Corintios 5:9-12

Todas las cosas me son lícitas, pero no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, pero yo no me dejaré dominar por ninguna. Los alimentos son para el vientre, y el vientre para los alimentos; pero tanto al uno como a los otros destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor y el Señor para el cuerpo. Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? ¡De ninguna manera! ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella?, porque ¿no dice la Escritura: «Los dos serán una sola carne»? Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él. Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; pero el que fornica, contra su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual habéis recibido de Dios, y que no sois vuestros?, pues habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

1 Corintios 6:12-20

Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia, sino, así como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir, porque escrito está: «Sed santos, porque yo soy santo».

1 Pedro 1:14-16

La santidad es una de las características principales de Dios. Dios es santo. Lo opuesto a la santidad es el pecado. Mientras la santidad bendice, edifica, y beneficia; el pecado roba, mata, y destruye. La santidad afirma la vida como un don divino; el pecado conduce a la muerte, ya que se opone a la vida. La santidad es parte de las fuerzas de la vida, junto con el amor, la misericordia, la justicia, la verdad, y la bendición. El pecado es parte de las fuerzas de la muerte, junto con el odio, la avaricia, la injusticia, la mentira, y la maldición.

La persona que se acerca a Dios a través de Jesucristo se acerca a las fuerzas de la vida. Quien persevera en la fe se convierte en un agente de las fuerzas de la vida; en un embajador de Dios que proclama el amor divino hacia toda la humanidad. La persona que se aleja de Dios queda a merced de las fuerzas de la muerte. Quien persevera en el pecado se convierte en un agente de las fuerzas del mal; en un embajador de la muerte que proclama la destrucción de la humanidad.

Debe quedar claro, pues, que una persona no puede ser sierva de Dios y del pecado a la misma vez. Una persona no puede ser embajadora de las fuerzas del bien y del mal a la misma vez. Es necesario tomar partido por la vida; es necesario colocarse del lado de Dios.

Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal, porque yo te mando hoy que ames a Jehová, tu Dios, que andes en sus caminos y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová, tu Dios, te bendiga en la tierra a la cual vas a entrar para tomarla en posesión. Pero si tu corazón se aparta y no obedeces, te dejas extraviar, te inclinas a dioses ajenos y los sirves, yo os declaro hoy que de cierto pereceréis; no prolongaréis vuestros días sobre la tierra adonde vais a entrar para tomarla en posesión tras pasar el Jordán. A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, de que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia, amando a Jehová, tu Dios, atendiendo a su voz y siguiéndolo a él, pues él es tu vida, así como la prolongación de tus días, a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar.

Deuteronomio 30:15-20

IV. El abuso sexual en la iglesia

Aquellos ministros que abusan sexualmente de los miembros de su congregación pecan contra Dios, contra las víctimas, contra la iglesia de Jesucristo, contra la sociedad, y contra la humanidad en general. Al perseverar en su pecado, se alejan del Dios de la vida. Al perseverar en su pecado, se convierten en «ministros» del pecado, del mal, y de la muerte.

Los ministros que abusan sexualmente de sus feligreses se engañan a sí mismos. Piensan que el bien que le hacen a la gente por medio de su predicación, sus oraciones, y sus visitas pastorales es mucho mayor que el mal que le hacen a las personas que victimizan. Esto es, miden el bien que hacen contra los males que cometen. Se convencen a sí mismos que el bien que hacen es mayor. Piensan que Dios comparará sus «buenas obras» contra sus «pecados» y que, finalmente, va a «perdonar» sus delitos sexuales. En el fondo, creen en una salvación por obras, no por gracia divina.

También se engañan cuando caen presa de sus propios mecanismos psicológicos de defensa. Por un lado, no quieren aceptar lo que está pasando. Ese mecanismo de defensa se llama «negación». Por otro lado, se ven a sí mismos como si fueran dos personas distintas. Ese mecanismo de defensa se llama «disociación». Se ven a sí mismos como si fueran dos personas distintas: una persona buena que sirve a Dios y otra persona malvada que abusa sexualmente de inocentes. Una de las razones por las cuales permanecen en el ministerio es porque esto permite que el lado «bueno» de su personalidad siga trabajando. En secreto, temen caer presa del lado «malo» de su personalidad si abandonaran el ministerio pastoral. Estos procesos psicológicos explican por qué estos ministros no abandonan el pastorado. También explican por qué reaccionan con tanta tristeza y tanto arrepentimiento cuando son descubiertos.

Finalmente, explican por qué, cuando confiesan sus pecados sexuales, narran los eventos como si ellos no los hubieran cometido. Por el contrario, hablan como si el abuso hubiera sido cometido por otra persona (en este caso, por el lado «malo» de su personalidad).
 
V. ¿Por qué tantos casos de abuso sexual?

El aumento en los casos de violencia sexual y de abuso infantil se debe a toda una serie de circunstancias. Algunas de estas son:

1. La crisis de valores en la cultura occidental: La sociedad norteamericana, así como las sociedades europeas, sufren una profunda crisis de valores. Esta crisis surge, principalmente, por tres razones.

  • Individualismo: A través de los siglos, el individualismo ha sido uno de los valores principales de las sociedades anglo-europeas. Estas sociedades exaltan a las personas que actúan de forma independiente y que forjan sus propios caminos. El individualismo lleva a cada persona a encerrarse en su propio mundo. Las personas que sienten deseos de cometer delitos sexuales viven en su propio mundo; un mundo secreto en el cual pueden encerrarse.
  • Hedonismo: Otro de los valores fundamentales de las sociedades anglo-europeas es el hedonismo. El hedonismo es la filosofía que busca el placer como el fin de la vida. Nuestra cultura exalta la búsqueda del placer. Hoy día, las personas que sienten deseos de cometer delitos sexuales pueden encontrar todo tipo de pornografía, accesible por medio de publicaciones, vídeos, y páginas matrices en el Internet. Lo que es más, pueden contactar de manera anónima a otras personas con intereses similares, intercambiando material pornográfico y estrategias para llevar a cabo sus delitos.
  • Relativismo: Quizás el mayor problema que enfrenta nuestra sociedad sea el relativismo. La mayor parte de la gente piensa que el bien y el mal no existen. Hoy día se piensa que todo es relativo. Se piensa que cada persona debe buscar su propio «bienestar», aunque esa persona considere «bueno» algo que el resto de la sociedad considere malo. Basta notar cómo los programas de entrevistas de televisión (en inglés, «talk shows») tratan a los participantes que exhiben conductas disfuncionales. Por lo regular, al final de estos programas alguien dice: «Yo creo que usted está haciendo algo equivocado. Personalmente, yo no me comportaría de esa manera. Sin embargo, si usted es feliz y no le hace mal a nadie, continúe haciéndolo.»

2. La teología del «sanador herido»: Durante la década del 1980 se puso de moda una teología sobre el ministerio cristiano llamada «el sanador herido» (en inglés, «the wounded healer»). La misma afirmaba que Dios llama al ministerio a personas que han sido «heridas» por la vida. Es decir, esta teología afirmaba que los ministros todavía están en el proceso de sanar sus propias heridas mientras ayudan a otros a sanar. El problema con esta teología es que ha sido malinterpretada. Algunas personas la han usado como excusa para no buscar ayuda para sus problemas psicológicos, emocionales, o sexuales. Muchos ministros que abusan sexualmente de sus feligreses usan esta teología para justificar su permanencia en el ministerio.

3. La sexualización de la niñez: La imagen de la niñez esta cambiando en nuestra sociedad. Los niños y las niñas se presentan como «adultos pequeños». Las niñas se presentan como «mujercitas sexy». Basta ver la televisión por un rato para ver niñas vestidas y maquilladas como adultas, bailando sexualmente para imitar a su artista favorita o hasta simulando tener relaciones sexuales. Basta recordar los programas de televisión donde se presentan estudiantes de escuela superior o preparatoria en situaciones sexuales, tales como la novela La Baby Sister, y la serie Dawson Creek. Muchas películas de cine también presentan niñas menores de 16 años en situaciones sexuales. Ese es el caso de Natalie Portman en The Profesional, Kristen Dunst en Interview with the Vampire, y de Cristina Ricci en The Opposite of Sex, entre muchas otras. Claro está, ni esto ni nada justifica el abuso infantil. Sin embargo, en la mente enferma de los abusadores, estas cosas justifican su conducta. ¡Ellos viven convencidos de que sus víctimas «disfrutan» del abuso!

Repetimos, estas situaciones no validan ni excusan la conducta indebida de estos ministros. Por el contrario, agravan la situación y demandan respuestas claras.
 
VI. Estrategias pastorales

En esta sección sugerimos siete estrategias pastorales que pueden ayudarnos a lidiar con estos graves problemas. Noten que no uso la palabra «soluciones», ya que eso sería demasiado ambicioso. Sólo deseamos ofrecer lineamientos pastorales que puedan ayudarnos a lidiar con el problema.

1. Velar y orar: En el Jardín del Getsemaní, Jesús le dijo a sus Discípulos: «Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil» (Mt 26:41). En un tono similar, el Apóstol Pablo advierte: «El que piense estar firme, mire que no caiga» (1 Co 10:12). Dios llama a cada ministro y a cada creyente a examinarse a sí mismo. Vivir en santidad es un proceso que tenemos que afirmar todos los días.

2. Retiros pastorales: Nuestro cuerpo ministerial debe reunirse periódicamente para orar, estudiar las Escrituras y edificarse mutuamente. También deben celebrarse Retiros de Familias Pastorales donde se ministre a estos grupos. La Convención Hispana del Noreste ha llevado a cabo varios retiros exitosos, usando recursos con grados en consejería y psicología pastoral. Estos han ayudado a varios ministros ha buscar y a recibir la ayuda que tanto necesitaban.

3. Talleres de ética ministerial: La mayor parte de las regiones de nuestra iglesia llevan a cabo periódicamente talleres sobre ética ministerial. En particular, estos talleres recalcan la importancia de mantener una conducta sexual adecuada. Aunque estos talleres se conducen en inglés, nuestra oficina ha identificado algunos materiales en español. Adjunto encontrarán una corta bibliografía.

4. Cero tolerancia: No se debe tolerar el abuso sexual en nuestras congregaciones, sea de parte de ministros o de laicos. Los acusados de cometer estos crímenes deben ser separados de las alegadas víctimas mientras se resuelven los casos. Quienes se confiesen o sean encontrados culpables, deben abandonar el ministerio.

5. Cuidado pastoral a las víctimas: Nuestras iglesias deben ofrecer cuidado pastoral tanto a las víctimas como a sus familias. Este cuidado debe incluir ayuda psicológica. De ser necesario, la congregación deberá ayudar a la familia a pagar por los servicios psicológicos que necesiten.

6. Cuidado pastoral a los ofensores y a sus familias: Los ofensores y sus familias también necesitan ayuda psicológica. Por una parte, los ofensores tendrán que estar bajo algún tipo de tratamiento por el resto de sus vidas. Por otra parte, su familia necesitará ayuda para lidiar con la situación. Si es el padre de familia quien comete esta falta, la iglesia deberá ofrecer atención especial a los hijos y las hijas del ofensor. Debemos recordar que los familiares de los ofensores también son víctimas de la situación. Una vez más, la congregación deberá ayudar a la familia a pagar por los servicios psicológicos que necesiten.

7. Pólizas de seguros: Finalmente, todas nuestras congregaciones deben estar aseguradas contra demandas por hostigamiento o abuso sexual. Todas las compañías que aseguran iglesias tienen pólizas que incluyen estos renglones.
  VII. Conclusión

Dios es amor (1 Jn 4:8); pero también es fuego consumidor (Heb 12:29). La misericordia divina no cancela la justicia de Dios. Dios nos llama a los creyentes ser responsables, particularmente a quienes han aceptado el llamado al ministerio. Por su propio bienestar psicológico y espiritual, los abusadores tienen que confesar sus culpas y asumir responsabilidad, enfrentando las consecuencias de sus actos.

Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos a él mentiroso y su palabra no está en nosotros. Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis. Pero si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo, el justo. Él es la propiciación por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.

1 Juan 1:8-2:2

¡Quiera Dios bendecir a su iglesia, sanándola de toda enfermedad, limpiándola de todo pecado y consolándola en medio de su lucha contra el mal!

Tomado de www.obrahispana.com Por el Rev Pablo Jiménez


 

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