Tema del mes de marzo
La Recompensa De La Rutina Diaria
Al final de mi jornada laboral me quedo unos minutos en el auto dando gracias a Dios por el éxito del día. Para mí el éxito ha consistido en concluir la jornada sin novedad, con normalidad cotidiana, habiendo cumplido fielmente con la meta de producción y presentarme en el hogar con la dicha de ser esperado por el bullicio y los desafíos de una hermosa familia. Eso y solo eso es suficiente para regocijarme plenamente en la presencia de Dios en esos minutos es donde me recojo en mi interior y alabo al Señor por su fidelidad y su bondad para con los hijos de los hombres... (Sal, 104:23).
No es fácil asimilar la rutina diaria con un sentido de dirección y de propósito. Parece como si día a día fuera vivir una vida de segunda categoría en comparación con esos "grandes proyectos" que muchas personas "importantes" llevan a cabo, para asombro y envidia del resto de los mortales. En esos momentos podemos llegar a aborrecer nuestra propia vida cotidiana y provocar situaciones que pueden llegar a romper el equilibrio de una familia estable.
La televisión nos presenta un mundo de fantasía y ensueño con personajes de plástico, caras bonitas, cuerpos esculturales y la fama de unos pocos que son la envidia y zozobra de cualquier ciudadano de a pie con una vida cotidiana aburrida y sin sabor por el azote de la rutina diaria.
Y ante esta cortante realidad ¿qué podemos hacer? Tampoco nos ayudan mucho ciertos sermones que se oyen en las iglesias alabando la entrega al activismo clerical de cultos y más cultos, sin apreciar ni reconocer el mérito de un padre de familia que pasa una semana entera entregando su vida a favor de su familia, o de una esposa que con esfuerzo y abnegación a dado lo mejor de su tiempo para satisfacer las necesidades de sus hijos. Sencillamente no está de moda la lucha diaria por mantener la estabilidad de un hogar normal.
Y yo me pregunto ¿Nuestra entrega a Cristo no tiene nada que ver con vivir cada día rodeado de blasfemos, engañadores, burlones, incrédulos, sensuales, corruptos, disolutos, egoístas, envidiosos, vanidosos que solo piensan en lo terrenal y mantenernos firmes en la fe del Hijo de Dios ante tales desmanes y ataques a nuestra integridad? ¿Mantenernos fieles a nuestras esposas y educar a nuestros hijos en el temor de Dios frente a una sociedad disoluta que ha dado la espalda a Dios y vive en el desenfreno de la maldad camuflada bajo el manto de la tolerancia, la modernidad y el progresismo no tiene nada que ver con una vida espiritual ardiente y de fe?
¿Donde quedan las palabras del apóstol Pablo ampliando nuestra vida de fe en Jesús y nuestra unión con él a todo lo que hacemos de palabra o de obra porque a Cristo el Señor servimos? ¿No dice Pablo que somos Suyos para vivir y para morir, que le pertenecemos por completo porque hemos sido comprados por precio y ya no nos pertenecemos a nosotros mismos? ¿Cómo entonces se da la impresión en la "iglesia" de hoy que existe una separación en nuestro servicio a Dios, por un lado lo que tiene que ver con la participación en los cultos y las actividades de la "iglesia", y por otro todo lo que hacemos en el día a día?.
Jesús dijo que la verdad nos haría libres y esa verdad nos muestra que si hay un propósito para la rutina diaria, "sabiendo que del señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís". Todo lo que hacemos lo hacemos para él desde la verdad indisoluble de nuestra unión con Cristo para vivir y para morir. La fidelidad en lo muy poco es garantía de serlo en las demás cosas, por tanto, hay recompensa para la rutina de la vida diaria.
Textos: Colosenses, 3:17, 23,24 Lucas, 16:10
Tema del mes de abril
La Gran Confesión
La mayoría de los sistemas religiosos enfatizan la necesidad de un buen comportamiento ético-moral, lleno de leyes y prescripciones para obtener el beneficio de la divinidad a que se adora. Tristemente, también en el cristianismo (en todas sus variantes y denominaciones) ha sido invadido por este virus. Es una enfermedad crónica del ser humano pretender obtener el favor de Dios mediante sacrificios personales, una auto-disciplina monacal o un esfuerzo mental por alcanzar las reglas de conducta que se supone a los creyentes.
He visto en muchas ocasiones la impotencia de aquellos que pretenden agradar a Dios y fallan una y otra vez con la consiguiente frustración. Lo he visto y oído en Retiros juveniles, en testimonios públicos en las congregaciones, etc. Ante este espectáculo doloroso me he preguntado sinceramente si ese es el camino trazado por el evangelio de Jesús. ¿Por qué llegamos a ese punto de aparente impotencia cuando somos realmente sinceros en nuestro deseo de hacer la voluntad de Dios?. ¿Por qué parecemos almas en pena tratando de hacer lo que parece ser una utopía?. ¿Cómo es posible que demos la impresión que al final todo el mensaje y la experiencia cristiana se reduce a un esfuerzo de la voluntad para salir adelante?.
Me pregunto, ¿Es ese realmente el mensaje liberador que leemos en las Escrituras, escuchamos en los templos y proclamamos en las plazas? Sinceramente, creo que no. Tengo la impresión de que hemos cargado la sencillez del evangelio con una ingente cantidad de apelaciones al esfuerzo humano, que solo producen impotencia y apatía en la mayoría de los que se consideran débiles de carácter.
Lo que veo en las Escrituras es una simplificación (no-simpleza) reducida a un Nombre. Invocar un Nombre: Jesús. Y a partir de esa invocación genuina de fe, guiada por el Espíritu Santo veo el comienzo poderoso de la semilla del Reino operando en el corazón interno del ser humano; el Reino más poderoso que existe y jamás existirá (Dn.2:44).
El cristianismo es una confesión, una proclamación de fe. "Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación".
El apóstol Pablo recibió este mensaje del discípulo Ananias: "Ahora, pues, ¿por qué te detienes?. Levántate y bautízate y lava tus pecados, invocando su nombre".
El autor de la carta a los Hebreos hace este énfasis cuando expone la verdad sobre nuestra profesión o confesión: "Retengamos nuestra confesión". Y dice también: "Mantengamos firmes, sin fluctuar, la confesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió".
Y así podríamos ir viendo pasaje tras pasaje donde aparece esta verdad central de la fe cristiana. Ahora bien, esto que en apariencia es tan simple encierra un misterio que solo puede penetrarse cuando se sincronizan nuestro corazón y nuestra boca. Cuando el Espíritu Santo nos permita acceder –mediante el arrepentimiento y la búsqueda sincera de Dios- a un instante sobrenatural donde conectamos con la realidad del Reino de Dios; el acceso al Trono de la gracia para recibir el perdón de nuestros pecados y el milagro de una nueva vida inaugurada por Cristo en la resurrección.
Recuerdo de forma clara la diferencia que constituyó en mi vida espiritual la experiencia personal con la proclamación del Nombre de Jesús. Fue a los pocos días de asistir a mi primera congregación. Hasta este momento yo solo podía hablar con otras personas de Dios en sentido general y abstracto, aunque en mi interior era todo muy real. Pero este día, en un culto de oración, fui llevado a una especie de éxtasis durante el tiempo que duró la reunión. Estaba de rodillas y todo mi cuerpo fue llevado a una sensación de pérdida de la gravedad, donde podía palpar el ámbito espiritual de mi ser.
En esa situación solo pude hacer esta oración: "Gracias, Jesús". Así estuve mas de una hora. Y la primera cosa práctica que pude experimentar después de salir de aquel culto, fue que sentía una liberación completa para hablar a todo el mundo del Nombre de Jesús. Ya no como un dios generalizado para todo tipo de creyentes, sino como la Persona que media entre Dios y los hombres. A partir de este momento mi vida cristiana se desarrolló muy rápido. Crecí a gran velocidad y sobre todo tuve un deseo ferviente de predicar enseguida el Nombre de Jesús y el evangelio. Esta invocación, proclamación o confesión resultó ser el punto clave de la historia de mi vida; así como de los cambios radicales que se avecinaban sobre mis circunstancias.
A partir de ese momento supe que avergonzarme del Nombre era negar mi fe y mi confesión, significaba volver atrás y ser derrotado tristemente por el temor. Me aferré al Nombre de Jesús y mucho más adelante comprendí las palabras del apóstol Juan: "Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el cree que Jesús es el Hijo de Dios?".
Esta fe en Jesús y esta confesión en Su Nombre fue lo que llevó a miles de los cristianos primitivos al martirio, al oponerse a confesar que Cesar era el señor. Su confesión fue: Cristo es el Señor.
Esta misma confesión nos salva hoy y nos capacita para vivir una vida cristiana victoriosa, en medio de las aflicciones que debemos afrontar.
Tema del mes de mayo
Guardar Las Apariencias
Cada vez mas la vida nos sorprende menos. Estamos acostumbrados a oír sobre desastres, inmoralidades, injusticias y contradicciones insoportables en todas las esferas de la sociedad actual. Parece como si ya nada tuviera la sustancia necesaria para sacarnos de la apatía e indiferencia que desarrollamos ante las noticias que vamos engullendo día tras día. También nos adaptamos pasivamente a la manifestación de actitudes inconcebibles para la vida cristiana. Soportamos, con un conformismo pecaminoso, comportamientos que nada tienen que ver con la vida sencilla y sincera de los que han abrazado el evangelio de la gracia de Dios.
Las Escrituras nos muestran con toda claridad muchas de las enfermedades que debemos combatir en el Cuerpo de Cristo. Jesús fue un combatiente incansable y eficaz, además de poner sobre aviso a los suyos de uno de esos virus malignos. Me estoy refiriendo a la hipocresía. "Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía".
Sin embargo, a lo largo de la Historia hemos podido constatar, tristemente, que ese comportamiento ha estado muy presente en círculos denominados: iglesia, cristianismo o creyentes. Es más fácil, aparentemente, mantener una actitud escondida de hipocresía, que camuflar otros pecados más llamativos y evidentes como el adulterio y la fornicación. A la larga, los pecados de cada uno se hacen evidentes porque la luz lo manifiesta todo, pero mientras tanto, nos parece que podemos vivir sin sentirnos amenazados. ¡Que engaño!
Con el tiempo solemos desarrollar todo tipo de máscaras para esconder la realidad penosa de nuestra vida espiritual. Es fácil, relativamente, perderse en medio de la multitud; detrás de actividades religiosas muy saludables por cierto, como pueden ser la alabanza, el entusiasmo, etc. Que fácil resulta mantener una apariencia de piedad: cantar, bailar, chillar, orar bien fuerte, aplaudir, o mostrar expresiones de regocijo exterior. Incluso detrás de una predicación muy llamativa pueden existir elementos evidentes de populismo, demagogia, protagonismo y narcisismo. Podemos llegar al colmo de la desfachatez y el auto-engaño denunciando comportamientos de indudable impiedad y a la misma vez estar practicando los mismos vicios. La cabeza nos da vueltas en estos casos. Todo nos parece envuelto en un paquete de confusión y mezcla donde no podemos distinguir las cosas reales de las apariencias.
Precisamente el Maestro nos insta a combatir ese fenómeno cuando dice: "No juzguéis según las apariencias..." (Juan. 7:24).
Tema del mes de junio
El Carácter De Los Pueblos
El evangelio, a lo largo de los siglos, ha ido penetrando en la mayoría de las naciones y pueblos de la tierra. El mensaje del Reino se ha extendido ampliamente y ha conformado mucho de lo que hoy es la sociedad en sus estructuras y esquemas en la vida occidental. La nota triste está en que en muchos casos sólo ha sido la carcasa religiosa la que a dado forma a los hábitos y la moral, sin que el corazón del evangelio, que es la transformación del individuo desde dentro hacia fuera, haya afectado plenamente a las formas de vida. Las mezclas y los yugos desiguales han producido una disolución en la fortaleza del evangelio en el corazón del hombre, y han dejado una debilidad en la fe que impide experimentar el poder del Reino de Dios.
Sin embargo, vemos en las Escrituras que el evangelio afecta y penetra en unas ciudades o culturas de formas diferentes. Por ejemplo, Jesús no pudo hacer muchos milagros en su tierra natal, donde se había criado, en Nazaret, a causa de su incredulidad; mientras que en la vecina Samaria su mensaje tuvo una entrada rápida y generalizada. Por su parte, el apóstol Pablo, experimentó lo mismo. El evangelio no tuvo la misma acogida en Tesalónica que en Berea. El carácter de las gentes de cada una de esas ciudades, a pesar de pertenecer a la misma región de Macedonia, tenía aspectos bien diferenciados. Mientras que en Tesalónica hubo una fuerte oposición y Pablo tuvo que salir muy pronto de aquel lugar; unos kilómetros mas allá, en Berea, se mostraron receptivos y especialmente nobles a la hora de contrastar las palabras del apóstol con el fundamento de las Escrituras.
“Estos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica,
pues recibieron la palabra con toda solicitud,
escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así”.
Recuerdo bien las luchas tremendas para llevar el evangelio a la ciudad de Huntington Long Island en New york, y el contraste increíble cuando anunciamos el mensaje en Bay Shore, un pueblo de la misma región. En Huntington rápidamente se juntó mucha gente para oír y recibir la buena nueva; pronto surgieron grupos hogareños donde se mantenía una actitud abierta hacia la proclamación del evangelio. La palabra se abrió paso muy pronto y se estableció una congregación que se mantiene hasta el día de hoy (Iglesia Casa de Oración). El contraste que vi me hizo reflexionar mucho sobre las diferentes potestades territoriales que afectan sobre el carácter de los pueblos. El Reino de Dios tiene poder para alcanzar a todos, pero no en todos los lugares se encuentra la tierra fértil apropiada en el mismo tiempo.
Hay naciones que experimentan tiempos de gran apertura espiritual, y otras que se mantienen cerradas a pesar de realizar esfuerzos incluso mayores. ¿Por qué? La respuesta nos introduce en un ámbito muy amplio de especulaciones y dilemas difíciles de resolver.
Sin embargo, nuestra misión es ir a todos los lugares, abiertos o cerrados, anunciar el evangelio y esperar los frutos. Al hacerlo notaremos y experimentaremos una diversidad de sucesos y dirección del Espíritu Santo que nos irá mostrando los pasos a dar en cada lugar o pueblo. Eso fue lo que hizo el apóstol Pablo en sus viajes misioneros. En ocasiones el mismo Espíritu les prohibió predicar la palabra en Asia; y les mostró hacia donde debían moverse. Encontraron el camino en la acción. Supieron hacia donde ir cuando ya estaban en camino –aunque el primer paso fue impulsado por el Espíritu de Dios en la iglesia de Antioquia-. Cuando llegaban a una ciudad y rechazaban la palabra se movían a otro lugar. Dejaban bien atendidos a los que habían creído (les enseñaban, ponían ancianos, los mantenían en constante oración y les encomendaban a la palabra de Su gracia para que fueran edificados) y marchaban a otros pueblos, ciudades o naciones con la palabra viviente.
Por lo tanto, las diferentes expresiones del carácter de los pueblos pueden acelerar o atrasar el avance del evangelio, pero nunca paralizarlo.
Tus hermanos en Cristo
Pastores: Damaso y Maritza Morales
Tema del mes de julio
Tiempos Peligrosos
Cada vez con menos asombro estamos asistiendo a la desintegración de los valores morales en el ser humano. Parece como si un cáncer maligno hubiera invadido los últimos resortes de la conducta cívica y ética para dar lugar a la mayor de las disoluciones que a mi parecer consiste en normalizar la corrupción llamando a lo bueno malo y a lo malo bueno.
El apóstol Pablo tiene interés en que su discípulo Timoteo sepa una cosa. Acaba de darle instrucciones prácticas que sin duda le ayudarían en su carrera como discípulo de Jesucristo. Pues bien, cuando llega al tercer capítulo de su segunda carta, le dice: "También debes saber esto..." ¿Qué es lo que debe saber Timoteo y con él todos nosotros? Debe saber que en los últimos días (y de esto no cabe duda en la iglesia universal de nuestro tiempo que estamos plenamente en los días finales antes del retorno de Jesús) vendrán tiempos peligrosos. Y ¿por qué serán tiempos peligrosos? La respuesta es como leer los periódicos de cada día. Porque habrá hombres que serán de una determinada forma de ser, tendrán un carácter con características bien definidas...
La primera característica que da el apóstol de los gentiles en su lista sobre el carácter de los hombres en los últimos tiempos es que serán amadores de sí mismos. Se ha invertido el mandamiento antiguo "Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo", para dar lugar al orden del Humanismo: "Ni patria, ni hombre, ni Dios por encima del hombre".
Esta centralización en uno mismo, en nuestros logros, nuestras potencialidades, nuestros proyectos y sueños se han convertido en uno de los más grandes ídolos de la sociedad moderna. El egoísmo se ha asentado en el trono; la cultura del placer instantáneo y el Hedonismo dominan con verdadera fiereza los instintos y deseos del hombre. La lujuria y las pasiones mas rastreras de la conducta se toleran como algo normal y se aceptan en una sociedad permisiva que presume de tolerante y respetuosa.
Todo esto no sería mas que la crónica lógica de un mundo que ha dado la espalda a Dios, sino fuera porque muchas de estas conductas permisivas y que son contrarias al carácter normal de cualquier discípulo de Jesús, se estuvieran asentando en las iglesias locales ante el asombro y la perplejidad de aquellos que aún buscan mantener la integridad de corazón y el temor de Dios.
Este carácter de los hombres de los últimos tiempos se ha infiltrado por la puerta trasera, -y en muchos casos por el portón delantero- de lo que se llama iglesia de Jesucristo. Muchos de los líderes han caído en la tentación de edificar la iglesia desde el fundamento del amor así mismos. Proyectan la imagen de líderes consagrados a la causa del evangelio cuando en realidad los deseos ocultos del corazón (porque por sus frutos los conoceréis y por la boca muere el pez) tienen su cuartel general en la proyección de sí mismos, en la realización de sus proyectos y en la edificación de sus torres. El Reino de Dios no precisa del impulso de estos "edificadores", sino de piedras vivas sacadas de la cantera de este mundo para ser transformadas a la imagen de Aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable; y una vez redimidos atados a Cristo para morir y para vivir.
Así, pues, como hemos nacido bajo el techo de estos últimos tiempos y mucho de nuestro carácter ha sido influido y corrompido por el magnetismo que nos rodea, debemos estar alertas y sondear las motivaciones reales de nuestros corazones.
"También debemos saber esto: Que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos..."
Tus hermanos en Cristo
Pastores: Damaso y Maritza Morales
Tabernáculo de Restauración
Aurora, Colorado.
(303)210-8657 & (303)344-1762
Tema del mes de agosto
El Látigo de Los Capataces
La dinámica eclesiástica se ha convertido en un lugar de camuflaje y donde la ortopedia ha substituido a los órganos vivos del Cuerpo de Cristo. La vida se ha paralizado para dar lugar al sistema religioso sofisticado y pletórico de colorido con ritmos musicales que armonizan y compite con cualquier otro concierto musical.
Todo esto al amparo de líderes "carismáticos" que avalan el entretenimiento para mantener a congregaciones enteras en un estado de niñez continuada con el fin de seguir siendo ellos mismos los "reyes del mambo". Un viejo proverbio casero dice que "en la ciudad de los ciegos el tuerto es el rey". Con esto no quiero frivolizar en un asunto que me parece de la máxima gravedad. El apóstol Pablo es contundente en su carta a los gálatas a la hora de atacar con firmeza el ideal religioso frente a la verdad del evangelio. Compara con un estado de niñez el mantenernos bajo la ley, o lo que es lo mismo en muchas de nuestras iglesias de comienzos de siglo, el sistema eclesiástico basado en un liderazgo único y dominante, con el látigo del temor y la amenaza como mejor herramienta para mantener bajo el yugo a los neófitos del sistema. Pablo, digo, compara ese estado de niñez con un esclavo que no tiene discernimiento ni comprensión de que la redención ya ha sido efectuada. Y esa falta de conocimiento revelado viene dado por el interés, a sabiendas o no, de aquellos que ejercen de "patrones" del culto.
Esto me recuerda a aquellos antiguos capataces que ejercían con el látigo en Egipto sobre sus propios hermanos hebreos para mantener el estado de esclavitud a favor de Faraón. Hoy el látigo está en la boca de muchos predicadores amadores de sí mismos que no tienen interés alguno en la edificación del Cuerpo de Cristo, sino en mantener su status y posición en las congregaciones. Son los Diótrefes de antaño y los dirigidos por la brujería camuflada de Jezabel.
El apóstol de los gentiles declaró con rotundidad que "cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo" (Gá.4:1-7).
Si meditamos bien este pasaje de las Escritura nos daremos cuenta, entre otras cosas, que el apóstol está abogando aquí por alcanzar la mayoría de edad para que la vida cristiana no esté basada en la dependencia de ayos (pedagogos) necesarios hasta alcanzar la madurez, sino de activar en nosotros el Espíritu de su Hijo clamando desde nuestro propio espíritu. En otro lugar se nos dirá que nos acerquemos confiadamente, que entremos en el lugar santísimo, sin embargo algunos líderes de hoy están interesados en ser mediadores, intermediarios e imprescindibles para que los hijos de Dios puedan acceder y recibir las bendiciones de Dios con su ayuda y unción.
Somos un cuerpo en Jesús, nos necesitamos los unos a los otros y dependemos de los demás miembros y todos de Cristo ¿Por qué ese empeño en establecer un sistema de clases y castas superiores? ¿Por qué ese clericalismo que divide al cuerpo de Cristo en clero por un lado y laicos por otro? Jesús dijo: "No será así entre vosotros, sino que el que quiera ser grande entre vosotros sea como el que sirve a todos". Sin embargo hablamos de los siervos de Dios como de una categoría especial, una distinción condecorativa, no como un servicio sino como un título. En fin, solo he querido pensar en voz alta para despertarnos del letargo que nos está adormeciendo...
Tus hermanos en Cristo
Pastores: Damaso y Maritza Morales
Tabernáculo de Restauración
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Tema del mes de septiembre
La Queja de Un Hombre De Dios
No hace mucho volví a leer y reflexionar en el libro de Job y no dejo de sorprenderme de su contenido. El comienzo y el final es lo que mas fácilmente puede entenderse porque es donde se nos abre el escenario para poder situar los sucesos. Sin embargo, el grueso del contenido del libro está en su parte central, desde el capítulo tres hasta prácticamente el último.
Pues bien, me sorprende la valentía de Dios para permitir los argumentos de Job en medio de experiencias dramáticas, y que hayan quedado recogidas en uno de los libros inspirados del Canon.
También me sorprende la osadía de Job para poner en voz alta el sentir de su corazón, las contradicciones que vive y lo incomprensible de su situación. Debo decir que agradezco el contenido en todos sus aspectos, a pesar de las dificultades para comprender correctamente las tesis que se presentan.
Job llega a ver a Dios como su enemigo, el causante de todos sus males. Se pregunta si sirve para algo guardar la integridad en medio de un mundo injusto y si ha valido la pena haber vivido en rectitud para llegar a una situación de quiebra total. Job maldijo el día que nació.
Anteriormente había soportado con dignidad las noticias traumáticas de la pérdida de todos sus bienes, de sus hijos y terminar siendo él mismo una llaga viviente, rota su salud física y emocional. Sí, aguantó todo lo que pudo, pero cuando la situación se estabilizó en un punto muerto, comenzó a quebrarse su estabilidad y rompió en quejas.
El dolor lento y continuado le llevaron a expresar sus lamentos en voz alta. A partir de ese momento surgen las contradicciones en sus argumentos. Entra en debate con sus "amigos" que le presentaban respuestas estereotipadas y superficiales al estado en que se encontraba.
Todo ello me recuerda el paralelismo que existe con nuestras experiencias como creyentes, en el ámbito personal y también como iglesia. Por ello me alegro que contemos con un libro como el de Job en las Escrituras. Me alegra que Dios nos permita, a pesar de nuestras contradicciones, argumentar delante de Él lo inexplicable de muchas experiencias que vivimos como hijos suyos.
Claro que hay que tener la panorámica global de los acontecimientos de este libro y poder así comprender mejor las vivencias de Job; teniendo en cuenta que al vivir las nuestras no contamos con la totalidad del suceso hasta que éste termina. Por eso nos ayuda a tener esperanza lo que otros santos vivieron y poder así encontrar consolación en las Escrituras.
"Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza" (Romanos, 15:4).
La amargura, la queja, la angustia y la incomprensión pueden llegar a ser muy reales en nuestro caminar cristiano, sin embargo, podemos superarlo con dignidad.
Tus hermanos en Cristo
Pastores: Damaso y Maritza Morales
Tabernáculo de Restauración
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Tema del mes de octubre
EL ENGAÑOSO CONCEPTO:
LA PALABRA DE DIOS
A menudo se ponen de moda conceptos que se establecen en las iglesias sin que sepamos bien cual es su contenido real y la dimensión que tiene. Uno de esos conceptos es el uso que hacemos de "la palabra". Cantamos y proclamamos nuestra fe en la palabra de Dios, incluso llegamos a decir que somos fanáticos de la palabra, pero puedo percibir que esa expresión se usa en sentido general, como concepto abstracto sin que nos demos cuenta de la dimensión que eso tiene.
Me pregunto ¿Sabe esta generación de creyentes lo que significa realmente vivir lleno de la palabra? ¿Es verdad que aman la palabra tanto como sus canciones parecen dar a entender? ¿Realmente la palabra de Dios ocupa en nosotros ese lugar predominante en nuestra forma de pensar, de hablar y de vivir? ¿Leemos y meditamos las Escrituras diariamente como un verdadero alimento y fundamento de nuestra fe?.
Si preguntara a diez personas en una de esas iglesias bulliciosas, con mucho canto, ruido, saltos y gritos –y yo pertenezco a una de ellas- ¿Qué es lo que crees?. Recibiría diez respuestas diferentes, difusas, inseguras; en definitiva, no saben lo que creen; solo tienen una fe generalizada, de masas, una fe sin fundamento en la verdad sólida, sin comprenderla, asimilarla y proclamarla. ¡Ay! Hemos perdido el mensaje del evangelio en medio de grandes manifestaciones de entusiasmo, de canto y ruido distorsionado de guitarras y percusiones alocadas; de proclamas simplistas y populistas de la clase de "¡Dios no busca predicadores sino adoradores!". ¡Que gran mentira!.
Pero muchos creyentes de hoy no piensan, no están establecidos en la verdad y es fácil inducirlos por la senda del error. La Biblia no dice que Dios no busca predicadores. La Biblia dice que Dios busca adoradores que le adoren en espíritu y en verdad; pero nunca aparece una proclama en el sentido de que Dios no busca predicadores. Está escrito: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio... Orad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies... Jesús estableció a doce para que estuviesen con él y para enviarles a predicar... Y como creerán sin haber quién les predique".
Esto es solo un ejemplo de cómo se pueden torcer las Escrituras y guiar a muchos a través de alocuciones "sublimes" y frases hechas de fácil asimilación, sin que tengan fundamento en la verdad. Nos tragamos conceptos generalizados, creyendo que nuestra fe tiene fundamento, y un soplo la derriba. Necesitamos un regreso a la práctica de los creyentes de Berea. "Estos eran más nobles... pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando todos los días las Escrituras para ver si estas cosas eran así". Observa que el carácter noble producía en ellos una actitud positiva ante el mensaje predicado por Pablo, pero además investigaban por su cuenta para asegurarse de que lo oído era conforme a la verdad escrita. No estoy en contra de cultos explosivos con manifestaciones fuertes de alabanza y adoración; creo en el potencial espiritual de un pueblo que alaba a su Dios con todas sus fuerzas y derrota a las potestades de las tinieblas levantando el glorioso Nombre de Jesús. Sin embargo, es fácil dejarse llevar por el "mucho ruido y pocas nueces". Debemos dirigir bien los objetivos del júbilo y la proclamación para no caer en lo superficial.
Jesús nos da el ejemplo de estar lleno de la palabra para poder resistir los argumentos y la astucia del diablo al responder "Escrito está". Se nos dice de Esdras que "había preparado su corazón para inquirir la ley del Señor y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos". Pablo le dice a Timoteo "ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza". Me temo que nos atrae mas cantar, saltar y gritar que meditar y asimilar en nuestros corazones la palabra de verdad.
Es mas atractivo para los jóvenes de muchas iglesias formar un grupo de música, que juntarse para estudiar las Escrituras y oír una buena enseñanza que nos establece en la verdad sólida. El concepto "la palabra de Dios" es muy amplio cuando lo usamos de forma general y no nos adentra paso a paso en su contenido. Hay que partir el pan y tomarlo poco a poco. Hay que poner el sentido, enseñar al pueblo línea a línea, renglón a renglón. De esa forma la verdad va tomando parte en nuestros corazones y estableciéndose en nuestras vidas. En los días de la restauración está escrito que "leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura" (Nehemias, 8:8).
La enseñanza dinámica y expositiva de la palabra de vida está siendo relegada y esto contribuye a que tengamos un pueblo débil que no sabe usar la espada del Espíritu. "Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de que avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad" (2 Timoteo, 2:15".
Tus hermanos en Cristo
Pastores: Damaso y Maritza Morales
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Tema del mes de noviembre
El Virus Narcisista
Estoy perplejo, y en parte acomplejado, pero sobre todo alarmado ante el avance del narcisismo, la presunción, la competencia y la megalomanía desmesurada que veo en muchos de los predicadores modernos.
Durante mucho tiempo he sido altamente comprensivo y he
justificado en muchas ocasiones las salidas de tono y moderación que he podido apreciar en muchos líderes, a lo largo de mi experiencia como cristiano militante. A veces he justificado conductas que, aunque sabía eran erróneas o tenían lagunas evidentes, me parecía que debía buscar el lado positivo, no juzgar y dejar pasar el asunto tratando de olvidarlo con la esperanza ingenua de que las cosas ya cambiarían.
Hoy me resulta cada vez más costoso apreciar los síntomas inequívocos de centralismo en uno mismo, y en la tarea que ese mismo lleva a cabo, especialmente en los líderes llamados carismáticos. Me pregunto ¿cómo es posible estar tan centrado en si mismos y a la vez pretender transmitir la idea de humildad y de darle la gloria a Dios? ¿Cómo es posible que personas de gran relieve en las iglesias locales caigan en un narcisismo tan evidentemente mundano y esto con una naturalidad que avergüenza el mensaje de la cruz de Cristo?
Se nos ha colado en grandes proporciones el síndrome de ser el ombligo del reino de Dios; el centralismo repulsivo que no ve mas allá de lo que se "cuece" a nuestro alrededor, y por supuesto el exclusivismo, formar guettos y reinos de taifas cristianos donde el mas listillo o avispado ejerce de gurú ante una masa de gente atolondrada y entumecida en su capacidad para pensar, creer y actuar.
Debo decir, en honor a la verdad, que yo mismo he participado de esos guettos de un mundo reducido a sí mismo y de espaldas a la realidad social que le rodea. Sin embargo, también debo decir que últimamente el Señor me ha hecho ver la estrechez de mis círculos concéntricos y giratorios sobre un estilo de vida reduccionista y sesgado.
Recuerdo las palabras de Jesús cuando les dijo a los suyos, precisamente para combatir el sistema de autoridad mundano, "pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será como vuestro servidor" (Marcos, 10:43). También he tenido que repasar lo que el apóstol Pablo decía a los filipenses sobre la sinceridad de ánimo en Timoteo: "Todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo" (Filipenses. 2:21). Verdaderamente la iglesia tiene una epidemia de narcisismo y presunción.
Narcisismo: Excesiva complacencia en la consideración de las propias facultades u obras. Persona enamorada de sí misma.
Tus hermanos en Cristo
Pastores: Damaso y Maritza Morales
Tabernáculo de Restauración
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Tema del mes de diciembre
Una Esperanza Viva
Todos los seres humanos tenemos necesidades muy parecidas. Estamos hechos de la misma masa de barro, a pesar de que tenemos grandes diferencias de carácter, cultura, etc. Sin embargo, dentro de la singularidad de cada uno y la diversidad que nos separa, existen patrones comunes, vías principales por donde todos necesitamos pasar. Una de ellas es la esperanza.
Todos abrigamos esperanzas de un tipo u otro. Todos estamos necesitados de tenerlas de forma instintiva, como si de oxigeno para el alma se tratara. Cuando decimos que hemos perdido la esperanza estamos hablando de la desesperación que invade uno de los ejes principales de la actividad anímica. En esos momentos atravesamos grandes dificultades para sostener nuestra existencia. Perdemos las certidumbres que siempre nos han acompañado y una gran oscuridad penetra el núcleo de nuestro ser interior.
La vida cristiana está cargada de esperanza. Jesús ha llenado este mundo de una esperanza viva al haber resucitado de los muertos. El caos, la oscuridad y la muerte se han doblegado ante el impacto revolucionario que supuso la victoria de Jesús sobre todos los poderes de las tinieblas y sacar a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio; por tanto, ha inaugurado una nueva Historia de Luz y esperanza para toda la creación.
Sin embargo, aún después de ese evento sin precedentes, el hombre, incluido el creyente, experimenta ocasiones donde la esperanza parece desvanecerse y difuminarse ante el derrumbe de las expectativas que un día fueron muy reales. Me refiero, no a la certeza de la vida eterna, en primer lugar; si no a todos esos sueños que hemos abrigado en lo hondo de nuestro corazón y que no hemos visto cumplidos hasta el momento presente. Pienso en esos anhelos y deseos fervientes y honestos que sabemos que están en conformidad con la voluntad revelada de Dios en su palabra, pero que todavía no llegan a materializarse en el tiempo que, en parte, hemos imaginado. Poco a poco notamos como se desvanece la esperanza y nos queda un vacío estrangulador que atormenta el alma y paraliza el buen ánimo.
El sabio Salomón resume magistralmente este sentir cuando dice: "La esperanza que se demora es tormento del corazón; pero árbol de vida es el deseo cumplido". Necesitamos la dirección del Espíritu Santo para saber en cada momento cuando es el tiempo de esperar y cuando hemos pasado a ser atormentados por la espera. Aún nos queda la oración: "Ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti".
En medio de estos tiempos turbulentos que vivimos os queremos hacer llegar, desde la Fundación DCI y del Diario Misionero nuestro sincero deseo de una esperanza viva y de gloria en Cristo Jesús al inicio de un nuevo año.
Tus hermanos en Cristo
Pastores: Damaso y Maritza Morales
Pensamiento del mes de Enero
Un Llamamiento al Descanso
Las Escrituras nos muestran en muchas ocasiones diferentes invitaciones que Dios hace al ser humano para que tomemos una decisión positiva como respuesta al ofrecimiento que nos hace. Una de esas invitaciones mas conocidas y atractiva es la que Jesús menciona en Mateo 11:28. "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallareis descanso para vuestras almas..."
Aquí nuestro Maestro demuestra con claridad que tiene gran sensibilidad por nuestro estado emocional. El llama a los que están en una situación concreta; los que se encuentran en un estado de ánimo difícil de soportar. "...Los que estáis..." El uso de esta expresión apunta hacia personas que atraviesan circunstancias de pesada carga, de desánimo por las aflicciones de diversos tipos, hombres y mujeres que soportan condiciones de dolorosa condición en su estado anímico, emocional y espiritual.
Creo que pocos de nosotros escapamos a este tipo de experiencias a lo largo de nuestra vida. Por tanto, Jesús está invitando a todo ser humano que vive bajo la opresión y la tiranía de circunstancias desfavorables y que conducen en muchos casos a la desesperación, el desaliento y en casos extremos al suicidio.
Me conmueve la ternura del Mesías y la sensibilidad para conectar con nuestras necesidades más elementales y prácticas. Veo su corazón de pastor y guía para sus discípulos. La invitación es venir a él para encontrar descanso, alivio y descarga. ¡Que cosa tan sencilla parece descansar! Sin embargo, todos sabemos que esta experiencia tan aparentemente simple se convierte en muchos momentos en el bien mas preciado para nuestras almas atormentadas y turbadas en un mundo de locos. Pues bien, Jesús sigue siendo ese remanso de paz, el oasis de quietud y la brisa fresca en los días de afanosa inseguridad y zozobra.
Jesús rescata el mensaje del profeta Jeremías a volver a los caminos antiguos para hallar descanso para nuestras almas. "Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallareis descanso para vuestra alma" (Jeremías, 6:16). Estas sendas antiguas siguen siendo el retorno al Creador, la búsqueda de lo eterno, el compromiso con la voluntad de Dios, la perspectiva apropiada para no perderse en las autopistas del materialismo, el consumismo y la carrera desenfrenada por llegar primero a todas partes. Es sencillamente el alejamiento del egocentrismo, alejarnos de las culturas del placer y bienestar para penetrar en la senda de la cruz y de la unión con Cristo en su muerte, sepultura, resurrección y exaltación.
Sus palabras siguen sonando con suavidad y certeza hoy: Venid a mí los que estáis...
Tus hermanos en Cristo
Tabernáculo de Restauración
Aurora, Colorado.
Tema del mes de febrero
¿Qué Hacer Cuando Ya No Puedo Más?
Me doy cuenta que muchas de las intervenciones divinas en las Escrituras son en extremos. Dios nos lleva en ocasiones hasta el último momento de nuestra resistencia, cuando parece que ya hemos sobrepasado los límites de firmeza para encontrarnos con la provisión de Dios. Parece que el ser humano está más predispuesto para clamar y buscar ayuda del cielo cuando ha agotado todos sus recursos y posibilidades. Este principio se repite una y otra vez.
Lo vemos cuando Abrahám fue a sacrificar a su hijo Isaac en el monte Moriah. David lo experimentó en Siclag, cuando los amalecitas habian robado todo su campamento y secuestraron a sus familias. La prueba de Job le llevó hasta límites de difícil superación. El apóstol Pedro fue librado de la cárcel la noche antes de su segura ejecución por Herodes. Lázaro fue rescatado de la muerte cuando ya parecía que todo estaba decidido; cuatro días después llegó la intervención divina. Jesús mismo superó de forma sobrenatural el tiempo de su posible aniquilación por las tinieblas resucitando de entre los muertos cuando parecía que su esperanza y el cumplimiento de las promesas de Dios no tendrían cumplimiento.
Por su parte el apóstol Pablo vivió varias veces la experiencia de perder la esperanza de conservar la vida. Una vez en Efeso, escribió mas tarde en su segunda carta a los corintios, "fuimos abrumados sobremanera mas allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aún perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos". Y otra vez en su viaje a Roma experimentó una tempestad tan grande que él mismo dijo: "Y no apareciendo ni sol (figura de Jesús), ni estrellas (figura de líderes espirituales o compañerismo ministerial) por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos..."
Todos los que queremos vivir piadosamente en Cristo Jesús, siguiendo la estela del discipulado, experimentamos tempestades similares y tiempos cuando nos parece que nuestra esperanza ha perecido o está a punto de hacerlo. Esos tiempos son momentos cuando perdemos el rumbo y el sentido de dirección. El sentido de nuestra vida nos abandona, nos sentimos desorientados y el alma zozobra en esas aguas turbulentas que sacuden los cimientos de nuestra fe. Es la sensación de pérdida de la expectativa con que se inicia una carrera. En medio de esa oscuridad los sueños se apagan, las metas desaparecen y los objetivos marcados se diluyen en el ocaso para dar lugar al vacío... Los místicos de antaño lo llamaron la noche oscura del alma; y el salmista en su canto sublime de la oveja ante su pastor le denominó el valle de sombra de muerte.
Pues bien, en estos tiempos de máximo desamparo y de total debilidad es cuando aparece la intervención divina. El por qué Dios nos permite llegar hasta esos extremos de total fragilidad lo ignoro, aunque siempre puede haber argumentos "solventes" al respecto, pero yo prefiero no lanzar proclamas especulativas y estereotipadas a favor de una interpretación simplista. Esos tiempos se constituyen en los baluartes del cambio. Siempre hay cambios cuando alcanzamos y superamos los momentos de máxima tensión y prueba.
Las Escrituras se levantan en nuestro socorro para darnos consolación, paciencia y esperanza hasta alcanzar el tiempo de bonanza y sosiego. "Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza". (Romanos, 15:4). La promesa es que no seremos tentados mas allá de nuestras fuerzas, sino que juntamente con la prueba se nos dará la salida para poder soportar. Sin embargo, en muchas ocasiones nosotros llegamos antes a la conclusión de que ya no podemos más y que pronto haremos agua por todas partes.
Dios confía más en nuestra capacidad para soportar la prueba, que nosotros mismos. Nuestra tendencia innata es claudicar, quejarnos y abandonar; pero en esos momentos es cuando se levanta nuestro hombre interior, si está debidamente edificado y fortalecido, para liderar la lucha y mantener la fe en el Dios vivo antes de soltar el ancla y perecer.
Dios se cuida del ánimo de los suyos y levanta una palabra viviente para rescatarnos de la persecución, la muerte, la desesperación y llevarnos a tierra firme para comenzar una nueva fase de nuestra vida. Una y otra vez oigo en mi corazón el estímulo del Espíritu Santo diciéndome: "ANIMO. No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia". Así que me uno con Pablo para proclamar que "tuve en mi mismo sentencia de muerte, para que no confiase en mi mismo, sino en Dios que resucita a los muertos". Esta esperanza de la resurrección, en sus múltiples facetas, es la realidad más elevada del hijo de Dios.
Tus hermanos en Cristo
Pastores: Dámaso y Maritza Morales
Tabernáculo de Restauración
Aurora, Colorado.
(303)210-8657 & (303)344-1762